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Cristo, Pontífice misericordioso.

A. Vanhoye, Cristo, Pontífice misericordioso (Cuadernos Phase 236), Barcelona: CPL 2017, 115 pp.

En la colección Cuadernos Phase encontramos esta recopilación de seis conferencias pronunciadas por el cardenal Albert Vanhoye, conocido biblista y conocido autor de libros sobre Sagrada Escritura. Miembro de la Compañía de Jesús, doctor en Sagrada Escritura y profesor durante muchos años del Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Su libro Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo se ha convertido en un clásico para el estudio de la Carta a los Hebreos. Estas seis conferencias se fundamentan especialmente en este texto sagrado.
La primera, Jesucristo nuevo Sacerdote, realiza un análisis del final del capítulo segundo de la Carta a los Hebreos. Se le atribuye a Jesús el título de Sacerdote, ausente en la tradición evangélica y demás escritos neotestamentarios. Jesucristo pertenecía a la tribu de Judá, no a la de Leví y su ministerio “se desarrolló más bien en la línea profética y no en la sacerdotal” (p. 9). El título sacerdotal no es la única innovación del autor de esta Carta, sino el concepto mismo del sacerdocio, que en vez de establecer separaciones consiste en “hacerse del todo semejante a sus hermanos” (Hb 2, 17). La unión perfecta de Jesucristo con Dios le viene de su condición divina, pero le faltaba una “total y radical transformación de su humanidad” (p. 19).
La segunda conferencia, Jesucristo, sacerdote digno de fe, se profundiza en esta expresión, en la que Vanhoye ve no solo el carácter autorizado, creíble del sacerdocio de Cristo sino también su carácter misericordioso: “El autor quiere fusionar el aspecto de la misericordia con la Pasión de Cristo, sacrificio nuevo” (p. 27). Otros títulos vienen a complementar este, como el de Apostol y sumo sacerdote de la fe. La autoridad de Cristo, por la que se le considera digno de fe, “se funda en su sacrificio. Se da una relación muy particular entre sacerdocio ministerial y el sacrificio de Cristo” (p. 37), lo que revela la interpretación sacerdotal que el autor de la Carta hace de la pasión de Cristo.
La tercera conferencia, Jesucristo, sacerdote misericordioso, prolonga la reflexión acerca de la misericordia. El mayor contraste entre el sacerdocio antiguo y el de Cristo está en que, si bien los sacerdotes antiguos eran pecadores, sin embargo no tenían compasión con los pecadores. Jesucristo, en cambio, “no tiene pecado, pero está lleno de misericordia para con los pecadores. Esta es la revelación más profunda del amor de Dios” (p. 44). Otro aspecto importante tiene que ver el sacrificio de Cristo entendido como ofrecimiento: “El ser escuchado forma parte del sacrificio, porque si a Dios no le agradase la ofrenda, ella no sería santificada; y en consecuencia, tendríamos solamente una tentativa de sacrificio, no un sacrificio efectivo y real” (p. 54). De ahí que Cristo sea transformado por el sufrimiento, por su sacrificio (cf. p. 58).
El Nuevo sentido del sacrificio ocupa la reflexión de la cuarta conferencia, en la que Vanhoye nos recuerda que “el sentido esencial de sacrificio es hacer sagrado algo” (p. 62). No tiene, por lo tanto, la connotación peyorativa que se observa en el lenguaje cotidiano. La identidad entre sacerdocio y víctima y el hecho de ofrecerse a sí mismo expresan la novedad absoluta del sacrificio de Cristo.
La Nueva Alianza es también una novedad de la Carta a los Hebreos. En la quinta conferencia se recuerda que “en los Evangelios la palabra alianza no se encuentra nunca más fuera de la simple mención hecha en la institución de la Eucaristía y una ligera mención en el cántico del Benedictus” (p. 74). En el corpus paulino también se usa con poca frecuencia. Fundándose en la crítica que Jeremías hace de la antigua Alianza, el autor de la Carta a los Hebreos nos presenta la de Cristo como perfecta y definitiva.
La última conferencia, Sacerdocio común y sacerdocio ministerial, nos ofrece una serie de reflexiones personales del autor, donde se subrayan sobre todo las características del sacerdocio “común”. El ministerial se fundamenta en la mediación de Cristo: “El sacerdocio común es culto real; el sacerdocio ministerial, es una mediación sacramental” (p. 110). El último está al servicio del primero, además de que en el sacerdocio ministerial no deja de ejercerse también el sacerdocio real.
Esta serie de conferencias nos permiten redescubrir la relación entre el sacerdocio de Cristo y la realidad sacramental eclesial. Su lectura podrá arrojar luz a ciertos debates sobre la relación entre los sacerdocios y para comprender mejor la novedad litúrgica y sacramental del misterio pascual de Cristo.
Adolfo Ivorra